Pedro Corzo natural de Santa Clara Cuba, en 1943. Reside en Miami desde 1992. Presidente del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo. Escritor y periodista. Trabaja en Radio Martí. Ha publicado una decena de libros y producido varios documentales. Columnista de El Nuevo Herald y otras publicaciones.
septiembre 29, 2013
El Blog de Pedro Corzo: Cuba rumbo a la democracia
El Blog de Pedro Corzo: Cuba rumbo a la democracia: "Si no luchas ten al menos la decencia de respetar a quienes sí lo hacen” José Martí ...
septiembre 28, 2013
Cuba rumbo a la democracia
"Si no luchas ten al menos la decencia de respetar a quienes sí lo hacen”
José Martí
Pedro Corzo
La oposición a los hermanos Castro siempre ha tenido como meta el cambio político, un objetivo valido y trascendental, para cualquier persona o entidad que está a favor de construir una sociedad que respete los derechos ciudadanos, pero quizás hubiera sido más efectivo haber logrado vincular esa gestión a un trabajo comunitario intenso que expusiera en toda su crudeza los abusos sociales y económicos que la dictadura cargó a la ciudadanía.
Pero la realidad es que las fuerzas políticas que se opusieron al totalitarismo nunca tuvieron oportunidad de asociar sus propuestas de cambio con las necesidades de la población, porque el régimen estableció un control absoluto sobre los gremios, colegios profesionales y sindicatos, aún más, creó nuevas organizaciones que como correas de transmisión, hicieron posible que las disposiciones gubernamentales llegaran hasta el último rincón de la isla.
Las grandes limitaciones con las que ha operado la oposición por décadas le han impedido desarrollar junto a la lucha política, una paralela que tuviera como meta denunciar y concientizar a la ciudadanía sobre los derechos sociales y económicos que les eran violentados.
El gobierno con zanahoria y garrote sedujo a un amplio sector de la población. La gente perdió la conciencia de sus derechos y con los años y las inagotables cosechas de fracasos que sumían cada día más en la miseria al individuo, se fue desarrollando una masa indiferente en todo lo que no fuera satisfacer sus propios intereses.
Una vanguardia que nunca dejó de estar, pero que se hizo pública cuando fue oportuno, apartó en alguna medida el cambio de régimen de sus objetivos primarios, y se abocó a una campaña a favor de los derechos humanos, pero con valoración política.
Posteriormente los objetivos de esa avanzada fueron evolucionando y progresando para constituir grupos especializados que tenían objetivos más definidos y concretos, como fue la constitución del periodismo y el sindicalismo independiente entre otras vertientes, actividades que no impidieron que se gestaran agrupaciones estrictamente políticas de carácter contestario que proclamaban el objetivo de cambiar el régimen.
Estas actividades fueron reprimidas, y a pesar de las protestas y el descontento creciente entre antiguos partidarios, el régimen mantuvo el control de todas las entidades de la sociedad civil.
La incapacidad del gobierno para encontrar soluciones a las demandas naturales de una sociedad moderna, le paralizaba todavía más, la improductividad y corrupción azotó el país. El desencanto cundió, la oposición creció, y la represión se incrementó.
Si el fin de la Unión Soviética fue un severo golpe para la dictadura en el aspecto económico, también lo fue para la imagen pública de la nomenclatura que no cesó de afirmar durante décadas que el futuro del mundo era del socialismo.
Este porrazo afectó negativamente a un sector de la clase dirigente cubana. La fe de muchos de los conversos se quebró cuando vieron a las repúblicas soviéticas caer por ineficiencia e incapacidad, pero aunque las contradicciones internas se multiplicaron, hasta ahora no han sido suficientes como para afectar el control que ejerce la nomenclatura sobre el país.
El periodo especial precisó a la dictadura a replantearse algunas de sus tácticas de gobierno, entre ellas la legalización del dólar y el trabajo por cuenta propia, que fueron en cierta medida el acicate para enterrar al régimen en un círculo vicioso de obligadas reformas que demandan constantes reajustes que afectan su control sobre la sociedad civil.
La falta de voluntad de los gobernantes para introducir cambios estructurales ha hecho que los fracasos se acumulen junto a una espiral ascendente de ineficiencia y corrupción, lacras que hacen cada vez más inviable la dictadura, determinaron nuevas reformas como fueron el cambio de relaciones con la iglesia, una reforma migratoria, reajustes en la represión, y flexibilización de algunas de las regulaciones que habían limitado el hacer individual por décadas.
Todas estas disposiciones han dejado fisuras en el control del estado sobre la sociedad, grietas que algunos sectores de la oposición han ido ocupando paulatinamente, lo que ha hecho posible una aproximación e identificación entre los que ya tienen conciencia ciudadana, la oposición, y los que están asumiendo, aunque sea lentamente, conocimiento de sus derechos.
Una de las tareas que ya cumple la oposición ha sido ir identificando los problemas del ciudadano con la ineficiencia y el abuso de poder de los gobernantes, a la vez que los asocia con la falta de derechos políticos.
El camino de las reivindicaciones sociales, individuales y colectivas, es una de las rutas por las que se asfixiará a la dictadura, en consecuencia, la oposición tiene la posibilidad de vincular las necesidades generales de la sociedad y las demandas ciudadanas, a su objetivo de llevar la democracia a Cuba.
septiembre 20, 2013
Cuba y Venezuela juntas contra el despotismo
Venezolanos y cubanos siempre han sido aliados en
la lucha por la libertad, así que saludamos las palabras de solidaridad del presidente electo de los demócratas venezolanos,
Henrique Capriles Radonski, quien manifestó su voluntad de ayudar a los isleños
a recuperar los derechos que les ha
conculcado el castrismo.
No obstante no se pueden obviar partes de sus declaraciones, en particular
cuando dijo que Venezuela no era Cuba, lo que permite decir, a quienes buscan
pescar en ríos revueltos que Capriles no
valora como corresponde, la lucha de más de cinco décadas por la libertad de un sector del pueblo cubano, por lo que es
prudente, hacer un poco de historia.
Cierto que Venezuela no es Cuba, pero no porque
ambos pueblos se hayan comportado de
manera diferente en la lucha por sus derechos.
Los que asumieron el compromiso de batallar por
sus convicciones tanto en un país como en el otro, hacen lo que se ajusta a sus
valores y principios, aunque lamentablemente,
las consecuencias de un empeño no siempre se corresponden con los
esfuerzos y sacrificios de los involucrados.
Muchos son los factores que determinan un
resultado y no por eso tienen menos importancia los bríos de quienes combaten
por sus convicciones.
El escenario socio cultural y político en el que se implantó el castrismo en Cuba, 1959, difería completamente del que le correspondió a Hugo Chávez, 1998, cuando empezó a implementar una autocracia fundamentada en una dictadura institucional.
En Cuba se estableció un régimen totalitario que eliminó
los partidos políticos. La prensa fue intervenida y expropiada. Se confiscaron
los bienes masivamente, desde una fábrica de azúcar a una barbería. La economía pasó al control absoluto del
estado.
La sociedad cubana perdió su independencia. Desaparecieron los colegios profesionales y
sindicatos. Hasta hace unos meses viajar y pronunciarse contra el régimen sin
consecuencias era imposible. Dar un acto político en el exterior y después
regresar al país, era un sueño
inalcanzable.
A los diez años de la dictadura de los hermanos
Castro, habían perecido en combate o ante el paredón de fusilamientos cerca de
5, 000 hombres y las cárceles estaban abarrotadas, al extremo que a finales de
la década del 60 y principios de los 70, se calcula que había aproximadamente
75,000 prisioneros políticos.
Aun así, a pesar de más de cinco décadas, en Cuba no ha desaparecido la resistencia y en las cárceles nunca han faltado
presos políticos.
Por otra parte los años de exilio no ha apagado
el patriotismo de muchos cubanos. Si miramos la historia, es difícil encontrar
otro núcleo de exiliados en el mundo, que haya mantenido el
compromiso de seguir defendiendo sus valores y nacionalidad por más de
cincuenta años.
Los demócratas de Venezuela encontraron refugio
en la isla cuando la dictadura de Marcos Perez Jiménez, y Don Rómulo Betancourt, insigne venezolano, fue el aliado más firme de los cubanos en la
lucha contra el castrismo.
A finales de los 70 y los 80 miles de cubanos
encontramos en Venezuela refugio. Fuimos
acogidos solidariamente. Trabajamos e hicimos una vida nueva, sin imaginar que
años más tarde miles y miles de venezolanos tendrían que salir de su tierra
porque un régimen que tenía como objetivo el “mar de la felicidad de Cuba”, los
obligó a abandonar el país.
De catorce años a la fecha la alianza se ha
reforzado, como consecuencia de que el despotismo chavista se asoció con el
totalitarismo castrista. Cuba ha facilitado a la autocracia venezolana su conocimiento sobre actividades represivas y control social, mientras Venezuela
subsidia al gobierno de los Castro.
El reencuentro en tierras estadounidense de
cubanos y venezolanos es fructífero. Exiliados de ambas nacionalidades llevan
trabajando juntos muchos años para llevar a sus respectivos países la
democracia, algo que todos, incluidos los más encumbrados líderes de cual quiera de las partes, deberían tener
presente.
Un dirigente político de la talla de Henrique
Capriles es consciente de los peligros de la manipulación y que en realidad lo
que hace la diferencia es como los déspotas usan los recursos del poder, porque
venezolanos y cubanos nunca dejaran de luchar por sus derechos.
Henrique Capriles es un experimentado político y
conoce que el populismo no se vence con más populismo. Que son necesarias
propuestas firmes y claras, que no se puede
prometer el paraíso porque no está a
nuestro alcance, y que el discurso del contrario no debe determinar el
propio.
Ojala la democracia llegue pronto a Cuba y
Venezuela y que jamás en ninguno de los dos países se vuelvan a violar los derechos de sus
ciudadanos, y para eso es preciso conservar la memoria y no elegir, nunca más, a déspotas como Hugo Chávez o
canonizar a verdugos como Fidel Castro.
septiembre 13, 2013
Las Farc y los derechos políticos
Uno de los
objetivos fundamentales para cualquier gobernante, en caso de que su país
enfrente un proceso de violencia domestica, es la búsqueda de la paz, un
reto que enfrenta el presidente Juan Manuel Santos, porque Colombia hace
décadas está inmersa en una crisis estructural en la que varios factores de la
sociedad, han recurrido a la violencia para acceder al poder o para simple y
llanamente enriquecerse, sin que tenga que mediar el trabajo y el talento.
Antes del Bogotazo, abril de 1948, el país había sufrido periodos de violencia como cualquier otro del continente, pero el desarrollo posterior de los sucesos condujo a la nación a una crisis en las que las guerrillas marxistas, paramilitares de extrema derecha y narcotraficantes, estuvieron a punto de constituirse en un estado independiente dentro del estado nacional.
Todas las partes involucradas en el conflicto recurrieron a la violencia extrema, en particular contra personas ajenas al conflicto.
Los narcotraficantes cometieron numerosos crímenes, aterrorizaron el país y facilitaron un proceso de corrupción que minó las bases políticas de la nación.
Las guerrillas, particularmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, el más poderoso grupo irregular que ha existido en el país, son factores independientes a los anteriores, aunque con un prontuario tan criminal como los grupos previamente reseñados.
Las FARC como el resto de sus pares insurgentes, en su mayoría neutralizados a excepción el Ejército de Liberación Nacional, justificaron su actuar fuera de la ley y la violencia que practicaban, en el compromiso de constituir una sociedad más justa e igualitaria.
Pero tratar con las FARC implica un alto riesgo, porque sus comandantes han manipulado a su conveniencia todos los procesos de dialogo que han sostenido con diferentes gobiernos, pero aun así el presidente Santos, que conoce a fondo la realidad de su país, determinó negociar con las FARC y en La Habana, donde rige un gobierno aliado del grupo narco-guerrillero-terrorista, que debe estar espiando a los delegados del gobierno, e informando a sus cofrades de las FARC lo que estos han de tratar en privado.
Pero independiente a las conversaciones de Paz, hay hechos que llaman dramáticamente la atención, y es que las FARC, aunque en sus orígenes delinquió contra el estado por usar la violencia en su contra, en el transcurso de los años devino en una organización criminal y terroristas que violaba los derechos humanos, en particular el más sagrado de todos, el derecho a la vida.
El secuestro ha sido otra práctica de las FARC. Retener a cientos de personas contra su voluntad. Demandar rescate o exigir canjear a los individuos que tiene como rehenes.
Por último la vinculación de las FARC con el narcotráfico se inició en la década del 80 pero se fue fortaleciendo según los Carteles de Cali y Medellín fueron desarticulados, al extremo que según informaciones recientes los herederos de "Tirofijo" producen en Colombia el 50 por ciento de los estupefacientes y distribuyen el 60 por ciento del mismo.
La conclusión es difícil. Es necesaria la paz. Lograrla demanda concesiones de las partes. Las Farc son una fuerza real por eso el estado está en conversaciones, pero es imposible considerar que estos y otros crímenes queden impunes.
¿Es aceptable que los líderes de las FARC, se puedan transformarse en personalidades políticas legítimas que compitan libremente como ciudadanos que han respetado la ley, los bienes y las vidas de los otros?
septiembre 06, 2013
Por un foro democrático
Pedro Corzo
La falta de una visión de conjunto con
proyección hemisférica en el liderazgo democrático latinoamericano, resalta
ante los logros de entidades como el Foro de Sao Paulo, que ha
sido capaz, por encima de diferencias y contradicciones, instrumentar un
sistema que planifica y coordina estrategias que tienen como único fin acceder
al poder, conservarlo y tomar el control de otros países.
El Foro trabaja en aquello que los une y
no en proyectos que pueda dividir a los países miembros. Trazan líneas de
acción común y sobre esas bases desarrollan sus actividades.
Los dirigentes del Foro, en el poder o
en la oposición, se conducen en base a intereses compartidos y no abandonan a sus
aliados ideológicos, o a aquellos que sin saberlo, son potenciales compañeros
de viaje.
Por sus actos se aprecia que el Foro
está muy lejos de ser una entidad académica que debate asuntos teóricos, todo
lo contrario, es un aparato ideológico-político que ha demostrado estar
comprometido en la conquista del poder y en su conservación, objetivos en lo
que indudablemente ha cosechado éxitos.
Sin embargo a pesar de estar lejos de la
Academia, el Foro prepara a sus miembros para que sean mejores contendientes
políticos.
En 1993 se aprobaron estrictas
normativas para el funcionamiento de la organización. Recientemente acordó
crear escuelas de Formación Política y se presentó un proyecto para
constituir una Red de Fundaciones, Escuelas y Centros de Capacitación en los
que formaran ideológicamente a sus militantes.
El foro incentiva todo lo que pueda
favorecer la desestabilización en los países en los que existen gobiernos
democráticos y por eso entre sus herramientas de lucha se encuentra la
celebración de encuentros raciales en los que los intereses de las etnias
reunidas están supeditados a las ventajas políticas que pueda obtener el
organismo.
En los conclaves internacionales
trabajan de común acuerdo. Esto ocurre en parlamentos hemisféricos como el
Palatino o Parlacen, pero también en Naciones Unidas. En proyectos de aparente
menor relevancia en la política internacional como un Premio Nobel de la
Paz, la entidad hacen sus propuestas y respaldan a la personalidad que
hayan seleccionado.
El Foro de Sao Paulo pretende influir en
todos los procesos electorales que se producen en el hemisferio y muy en
particular en los países en que se celebran elecciones generales y hay
candidatos miembros de la organización.
Un acuerdo relativo a esta intromisión es la decisión del
Foro de hacer acto de presencia en Honduras durante los comicios
presidenciales que se efectuaran en noviembre en ese país.
El Foro acordó efectuar un encuentro de parlamentarios,
por supuesto, asociados a la entidad, en Honduras, un mes antes de las
elecciones, a la vez que reafirmó su apoyo a las "fuerzas
progresistas" hondureña y exigió para los comicios la presencia de
observadores de UNASUR, una organización sobre la que los países miembros del
foro tienen gran control.
La organización de ese encuentro parlamentario estará a
cargo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), del Frente Sandinista
de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua y del Frente Farabundo Martí de
Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador.
Lamentablemente la América democrática no cuenta con una
entidad que está capacitada, o al menos dispuesta, a rivalizar con el foro.
América Latina necesita constituir un aparato político
con visión continental que se manifieste en la Academia, Congresos, pero
fundamentalmente en la "calle", en respaldo de opciones
políticas nacionales que garanticen la libertad y la democracia.
La visión y practica internacionalista del Foro no tiene
una entidad rival comprometida en la defensa de la democracia y las libertades
políticas y económicas, proyectos que deberían ser los objetivos fundamentales
del liderazgo democráticos no contaminados por el despotismo del Socialismo del
Siglo XXI.
El dejar
pasar y hacer a los enemigos de la democracia, aísla paulatinamente a sus
genuinos defensores, si estos no son capaces de enfrentar los diferentes
métodos que usan los que quieren globalizar el despotismo.
Líderes
democráticos como Álvaro Uribe, Vicente Fox, Sebastián Piñera, Oscar
Arias, Juan Manuel Santos o Felipe Calderón, por solo mencionar unos
cuantos, deben tomar conciencia del riego que corren sus países sino actúan en
consecuencia contra los gobiernos que violentan de forma sistemática y
permanente los derechos de sus ciudadanos.
Los
demócratas no deben dudar que la defensa de la libertad y de los derechos del
ciudadano es un compromiso transnacional. Hay que luchar unidos, porque la
historia ha demostrado que cuando un país es controlado por la autocracia, la
libertad de todos está en peligro.
septiembre 05, 2013
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